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04 julio, 2008

El salón de baile sin baños

Un pintoresco croquis del Atlas seniala en la calle Yatay un enorme salon de
baile. A pesar de su lujosa apariencia, el local no tenia banios. Sucedia
entonces que los b ailarines se veian obligados a abandonar la milonga para pe
dir permiso en casas vecinas o costearse hasta algun cafe mas hospitalario.

Sin embargo los mas audaces solian aventurarse en un yuyal c ercano que ofrecia
una sombria privacidad. Los Cronistas Soniadores sostienen que nadie regresaba
jamas de aquel sitio. Citan el testimonio de mas de cuarenta damas abandonadas
que en vano esperaron a sus companieros, a veces en el interior del salon, a
veces en la misma vereda del potrero.

Los espiritus fantasticos pretenden que los brujos raptaban a los bailarines y
los llevaban a sus gabinetes como esclavos o como carnada para atraer a los
demonios.

Por esa razon, o quizas por la escasa belleza de las damas asistentes, los jo
venes dejaron de concurrir al salon. Los propietarios hicieron construir banios
pero ya era demasiado tarde.

Alejandro Dolina

22 junio, 2008

Los deberes de Pedro

Pedro se sienta en los últimos bancos del aula, como corresponde a un chico
que desdeña la educación y la vecindad de los poderosos. Las conspiraciones y
los batifondos nunca lo hallan ajeno. Busca el riesgo de las transgresiones y la
compañía de los más beligerantes. A veces lo tientan el estudio y la
inteligencia.

Entonces, como quien acepta un desafío, como una compadrada, resuelve arduos
problemas de regla de tres y cumple los dictados sin tropiezos.
Un día, la maestra le acaricia el pelo tiernamente. El piensa:
-Ay, señorita... Si supiera cómo me gustaría regalarle una flor y darle un
beso.

Pero Pedro sabe quién es y conoce su deber y su destino. Con una gambeta se
aleja del afecto inoportuno y va a buscar la gloria allá en el fondo, donde los
malandras se empeñan revoleando los tinteros para que se cumpla mejor el divino
propósito del Universo.


Alejandro Dolina

17 junio, 2008

Alicia no vivía en el país de las maravillas (Cuento mio)

Su rostro, con una sonrisa que la identifica, no muestra su verdadero aspecto. Muy dentro de ella sabe que la depresión es constante a raíz de todos los problemas que sufrió. Alicia es una mujer de 40 años. No demuestra la edad que tiene, parece aún mayor. Viuda y madre de tres hijas, solo desea que estas sean felices.

Julia es la hija mayor, tiene 18 años y esta cursando el último año del secundario. Estudia en un colegio pupilo en las afueras de la ciudad. Responsable, madura y de personalidad fuerte, había dicho que no quería que la visiten, a excepción que surja algún problema. A ella le sigue Lucía, la hija del medio. Tiene 15 años y vive la plena adolescencia. Extrovertida y simpática, pasa la mayor parte del tiempo en la casa de sus amigas. La hija menor, Emilia, tiene 11 años y es tímida. Ayuda a su madre en todos lo quehaceres de la casa y se refugia mucho en ella.

Alicia, a pesar de sus problemas, decide reconstruir su vida. Ya era hora de dejar todo su sufrimiento de lado y empezar a disfrutar la vida.
Esa tarde, aprovechando que sus hijas estaban en el colegio, se dirigió a un local a comprar ropa. No sabia que cuando estaba comprando la ropa, iba a ser con la que al otro día iban a velarla. No sabía que el precio de ese pantalón, iba a costar más de lo que el vendedor le decía. No sabía ni siquiera, que no había podido despedirse de sus hijas. No haber demostrado sus verdaderos sentimientos con sus hijas, después de todo sirvió. Ella no quería preocuparlas a sus hijas. Verlas felices a ellas fue su objetivo en la vida y mantenía el deseo de verlas unidas. Al salir del local, la tragedia se produjo. Un accidente automovilístico tuvo como victima a ella. Minutos antes, nadie pensaba cuando apenas marchó con la inocencia del que dice hasta mañana, que esa mujer iba a terminar dejando solas a tres hijas.

Lucía, fue la primera de las hijas en enterarse de la muerte de su madre. Lo primero que hizo fue ir a buscar a Emilia, la menor de sus hermanas. No sabía como decírselo. Pensó en irse lejos de todo. Recogió a su hermana y le dijo que se iban de viaje. Su decisión estaba tomada.
Sus ojos llorosos, contemplaban a través del vidrio del colectivo, el paisaje de la ciudad que se diluía. Fue ahí cuando vio el colegio de su hermana mayor. Se acordó de su madre y del único deseo que tenia, el que siempre les decía. El deseo de que estén unidas.
Rápidamente le ordenó al chofer del colectivo que se detenga. Bajó con su hermana y se dirigió hacia el establecimiento. Fue ahí cuando vio a Julia. Esta, apenas las vio, se dio cuenta de que algo pasó. Corrieron y se dieron un abrazo interminable. Lloraron y se contuvieron mutuamente. Sus hijas recuerdan a su madre como una persona feliz. Que siempre tuvo una sonrisa para todo. A veces, una mentira que haga feliz a las personas que uno quiere, vale más que una verdad que les amargue la vida. Así es, la madre había dejado solas a tres hijas. Solas pero unidas.

Nota: Gracias a el sitio web losmejorescuentos.com por subir el cuento a su página.




11 junio, 2008

El portero del prostíbulo

No había en aquel pueblo un oficio peor visto y peor pagado que el de portero del prostíbulo... Pero, ¿qué otra cosa podía hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo antes que él, y antes que él, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo había pasado de padres a hijos y la portería también.

Un día, el viejo propietario murió y un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, se hizo cargo del prostíbulo. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darles nuevas instrucciones. Al portero le dijo: -A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un informe semanal. Allí anotará la cantidad de parejas que entran cada día. A una de cada cinco, les preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará ese informe con los comentarios que usted crea convenientes.

El hombre tembló. Nunca le había faltado predisposición para trabajar, pero...

-Me encantaría satisfacerle, señor -balbuceó-, pero yo... no sé leer ni escribir.

-¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar a que usted aprenda a escribir, por lo tanto...

-Pero, señor, usted no me puede despedir. He trabajado en esto toda mi vida, al igual que mi padre y mi abuelo...

No lo dejó terminar. -Mire, yo lo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le daremos una indemnización, es decir, una cantidad de dinero para que pueda subsistir hasta que encuentre otro trabajo. Así que lo siento. Que tenga suerte.

Y, sin más, dio media vuelta y se fue. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, desocupado por primera vez en su vida. ¿Qué podía hacer? Entonces recordó que a veces, en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se estropeaba la pata de un armario, se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisional con un martillo y unos clavos. Pensó que esta podía ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo. Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, y sólo encontró unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa y, para eso, usaría una parte del dinero que había recibido. En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había ninguna ferretería, y que tendría que viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. -¿Qué más da?, -pensó. Y emprendió la marcha.

A su regreso, llevaba una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa; era su vecino.

-Venía a preguntarle si no tendría un martillo que prestarme.

-Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar. Como me he quedado sin empleo...

-Bueno, pero yo se lo devolvería mañana muy temprano.

-Está bien.

A la mañana siguiente, tal como había prometido, el vecino llamó a su puerta.

-Mire, todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?

-No, yo lo necesito para trabajar y, además, la ferretería está a dos días de mula.

-Hagamos un trato -dijo el vecino. -Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo. Total, usted está sin trabajo. ¿Qué le parece?

Realmente, esto le daba trabajo durante cuatro días... Aceptó.

A su regreso, otro vecino lo esperaba a la puerta de su casa.

-Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?

-Sí...

-Yo necesito unas herramientas. Estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada una de ellas. Ya sabe: no todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras.

El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

-No todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras..., -recordaba.

Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas. En el siguiente viaje decidió que arriesgaría algo del dinero de la indemnización trayendo más herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar tiempo en viajes.

Empezó a correrse la voz por el barrio y muchos vecinos decidieron dejar de viajar para hacer sus compras. Una vez por semana, el ahora vendedor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto se dio cuenta de que si encontraba un lugar donde almacenar las herramientas, podía ahorrar más viajes y ganar más dinero. Así que alquiló un local. Después amplió la entrada del almacén y unas semanas más tarde añadió un escaparate, de manera que el local se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su tienda. Ya no tenía que viajar, porque la ferretería del pueblo vecino le enviaba sus pedidos: era un buen cliente. Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más alejados prefirieron comprar en su ferretería y ahorrar dos días de viaje. Un día, se le ocurrió que su amigo, el tornero, podía fabricar para él las cabezas de los martillos. Y después... ¿Por qué no? También las tenazas, las pinzas y los cinceles. Después vinieron los clavos y los tornillos... Para no alargar demasiado el cuento, te diré que en diez años aquel hombre se convirtió en un millonario fabricante de herramientas, a base de honestidad y trabajo. Y acabó siendo el empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era que, un día, con motivo del inicio del año escolar, decidió donar a su pueblo una escuela. -Además de leer y escribir, allí se enseñarían las artes y los oficios más prácticos de la época, -pensó.

El alcalde organizó una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de homenaje para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y abrazándole le dijo:

-Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos que nos conceda el honor de poner su firma en la primera página del libro de honor de la escuela.

-El honor sería para mí, -dijo el hombre, -pero no se leer ni escribir. Soy analfabeto.

-¿Usted? –dijo el alcalde, que no acababa de creerlo- ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir.

-Yo se lo puedo decir, -respondió el hombre con calma. –Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!

Por Jorge Bucay




28 mayo, 2008

A muchos les gustaria estar en tu lugar


¿Estás triste? ¿Crees que sufres demasiado? ¿Eres la persona más infeliz del mundo? Ve a tu alrededor: ve cuánta gente está en peor situación, pasando dolores y problemas mucho más graves.

Piensa bien: tu vida no es tan desgraciada. Sé más optimista. No te lamentes de las oportunidades perdidas si no dejaras pasar las que están llegando.

Por favor, da una miradita al siguiente mensaje, que ya ayudó a mucha gente a enfrentar la vida de una forma diferente.

"Si usted está triste porque perdió su amor, recuerde aquél que no tuvo un amor que perder;

si se decepcionó con alguna cosa, recuerde aquél cuyo nacimiento ya fue una decepción; si está cansado de trabajar, recuerde aquel que, angustiado, perdió su empleo;

si usted se queja de una comida mal hecha, recuerde aquél que murió hambriento, sin tener pan;

si se le deshace un sueño, recuerde aquél que vive en una pesadilla constante;

si anda aburrido, recuerde aquél que espera una sonrisa suya.

Si usted tuvo: que perder un amor, que cansarse en el trabajo, un sueño deshecho, que sentir una tristeza, que quejarse de una comida... recuerde agradecer a Dios, porque existen muchos que darían todo por estar en su lugar".

Nunca es tarde para recomenzar una vida.

18 mayo, 2008

Historia de Vida: Leanlá les va a interesar


¡Hola! Me llamo Augusto, tengo un año y medio y no sé muy bien qué significa esto.

Lo que sí sé es que cuando se me cae el chupete, o cuando entre las sábanas se me pierde mi oso de peluche, es tal mi desesperación que lloro, grito y pataleo para que mis padres me hagan caso y resuelvan mi problema.
¡Qué angustia me agarró!
¡Esos sí que son problemas complicados!

¡Hola! Soy Augusto, tengo 8 años, me encanta jugar al
fútbol.
El mes pasado me saqué una nota estupenda en matemáticas y
¿adivinen qué?
Mis padres me compraron una pelota profesional; yo era el niño más feliz del mundo.
Todo era felicidad hasta hoy, porque la pelota se me pinchó y mi madre me dijo que no iba a comprarme otra
porque no sé cuidarla.
¡Qué angustia me agarré!
¡Estos sí que son problemas complicados!

¿Qué tal? Tengo 15 años y me llamo Augusto Arias. Alguna vez se preguntaron ¿Quién soy?, ¿Por qué nací acá? ¿Qué será de mi futuro?
¿Por qué yo soy yo y no otra persona? En realidad me doy cuenta que con tantas complicaciones en que pensar, la vida se va haciendo más difícil y que es francamente difícil descifrar el enigma de la vida.
¡Qué angustia tengo! ¡Estos sí que son problemas complicados!

¡Qué pasa! ¿Cómo estás?, me llamo Augusto, alias "El
Chancho" y voy a cumplir la grandiosa edad de 18 años.
Tengo bajas cuatro materias, y creo que estoy recontra
liquidado, soy un verdadero fracaso, no sirvo para nada.
No quiero ni pensar en la reacción de mis viejos cuando se
enteren.
Y eso no es todo, lo que me tiene peor es esa chica que
conocí hace un
tiempo, me parece que me enamoré de la guacha, pero es un poco boba.
No sé que hacer, no sé que decir, no sé como actuar. Esta vida no vale un comino; ¡Cómo me gustaría ser niño otra
vez, en esa edad uno no tiene problemas! ¡Qué angustiado estoy! ¡Estos sí que son problemas complicados!

¿Qué tal? Soy el Contador Augusto Arias, ésta empresa
donde trabajo no me paga lo suficiente, lo que me merezco.
Estudié toda una vida y...? Es esto lo que recibo? ¡No es posible! Con esta crisis que nos ahoga a todos y este gobierno que nos hunde más en el estiércol cada día que pasa. Ya no soy feliz como cuando era adolescente; entonces no había
preocupaciones, no tenía responsabilidades.
¿Qué problemas tenía yo? Tenía casa, comida, ropa; todo por delante, mi única obligación era el liceo. Les diré una cosa: ¡prepárense para el futuro! Porque está
lleno de problemas complicados. ¡Qué angustia!

Gusto en conocerlos, soy el Máster en Ciencias Económicas Augusto Arias Menta; soy padre de familia, no es fácil serlo.
Mis hijos mal que bien la van llevando, pero la que no me banco más es a mi esposa, no es la misma que conocí hace 18 años, ¡bendita edad!, cuando construís castillos en el aire, soñás con ser millonario, famoso, o como cuando estaba en la universidad y tenía el mundo a mis pies. Ahora todo es diferente; la vida es recontra más dura que lo que parece en realidad, estoy sintiendo una gran angustia ante la impotencia de no poder hacer nada para cambiar el mundo. Definitivamente ¡Estos sí que son problemas complicados! ¡Opa! ¡Ya soy abuelo! Mi nieto se llama Augusto, como yo.
Gracias a Dios goza de buena salud. ¡Qué suerte poder gozar
de salud! Si yo la tuviera sería el hombre más feliz del
mundo, haría tantas cosas que no puedo hacer... caminaría
por el parque de la mano con esa bendita mujer que tengo desde hace 50 años, jugaría con mi nieto a la pelota, viajaría de vez en cuando con la plata que pude juntar y
que ahora se me va en puros remedios.
¡Qué lastima que la vida sea tan angustiosa y esté llena
de problemas!

¿Qué pasa? No sé dónde estoy! Aquí solo veo una luz allá
lejos, al final del camino, hace un tiempo me morí, pero,
en realidad, no me morí, sigo existiendo ...
Tarde me dí cuenta de que la vida es más sencilla de lo que
parece, de que en realidad estuve muerto en vida,
quejándome de todo, sintiendo que la vida era para sufrir,
no entiendo por qué me preocupaba por un estúpido sonajero,
por una pelota pinchada, ¿Qué importa que tuviese 4 materias bajas o todas las materias o que me quedara repetidor?
¿Por qué le tenía miedo a esa mujer que llegó a ser mi esposa y que sólo de viejo supe valorar? ¿A quién diablos le importa el gobierno? ¿Por qué me preocupaba de mi salud cuando lo único que tenía era un simple resfrío?

Lo más importante era que ... ¡Estaba vivo! ¡Tenía sueños! Tenía esperanzas!
Yo mismo me impuse el peor castigo que se puede imponer un ser humano: NO VIVIR LA VIDA. Tarde me dí cuenta de que en realidad no
existen los problemas complicados, tarde me dí cuenta de
que el secreto de la vida es vivir intensamente cada
momento, tarde me dí cuenta de que el secreto de la vida es
aprovechar cada día y ser más feliz con lo que ya tienes. El no darte cuenta de eso, ¡Ese sí que es un problema
complicado!.